Hoy vamos a hablar acerca del llamado y de nuestro propósito de vida. Si bien este es un tema amplio ¿Para qué fui creado? y, tal vez, para muchas personas confuso, se trata de darle una razón a nuestra vida. Dicen que, para un cristiano, hay dos días importantes: el día en que fuimos restaurados y el día en que encontramos nuestro propósito, nuestra razón de estar vivos.
Antes de comenzar, pidámosle al Espíritu Santo que sea Él quien nos dé entendimiento, sabiduría y discernimiento para poder comprender la enseñanza que hoy tiene para nosotros.
¿Cuál es el llamado y el propósito?
Imaginemos a un rey y sus soldados. El rey tiene un mensaje, un mandato que quiere que sus soldados cumplan. Su propósito es conquistar una nueva tierra, pero para eso necesita soldados preparados y fieles que puedan ejecutar su plan.
El rey les da instrucciones: les enseña lo que deben hacer, lo que deben decir y hasta dónde deben ir. Los soldados, fieles y preparados, obedecen al rey, cumplen su misión y la tierra es conquistada. Como resultado, muchas personas son liberadas y transformadas, y juran lealtad al nuevo rey.
En este ejemplo, el llamado es la misión del rey para sus soldados y el propósito es la razón de ser de los soldados:
- Llamado: El rey le dice al soldado: “Ve a conquistar la tierra y libera a sus habitantes.”
- Propósito: La razón por la que el soldado fue creado: proteger a los débiles y establecer justicia.
En la vida cristiana ocurre algo similar. Dios, nuestro Padre Celestial, nos ha elegido para ejecutar su llamado, que es su mensaje, su plan y su objetivo. Podemos decir que nuestro propósito está totalmente relacionado con lo que Dios nos ha mandado hacer. Pero esto nos lleva a preguntarnos: ¿qué es exactamente lo que Dios nos está mandando hacer?
¿Cuál es la misión de Dios para nosotros?
El mensaje de Dios para nosotros está en Isaías 61:1-2 TLA que dice:
El espíritu de Dios está sobre mí,
porque me eligió para llevar buenas noticias a los pobres.
Me envió a consolar a los que tienen el corazón roto,
a anunciar libertad a los presos
y a dar vista a los ciegos;
a liberar a los que viven oprimidos,
y a anunciar que este es el tiempo que Dios eligió
para darnos su salvación.
Este es el mensaje de Dios, la orden que nos manda ejecutar, la misión que tenemos como cristianos, como personas que hemos reconocido que Jesús es el Hijo de Dios.
Jesús cumplió todo lo que está escrito en Isaías 61:1-2: llevó la buena noticia a los pobres, liberó a todos los que tenían el corazón y la vida cautivados por el pecado y el desconocimiento, nos dio libertad, verdad y abrió los ojos de miles de personas que comenzaron a reconocer al verdadero Rey de reyes, hizo milagros. Jesús se rebeló contra los injustos y los opresores, y con su sangre nos dio salvación.
En resumen, Jesús nos llama a estar con Él y a hacer lo que Él hizo: sanar enfermos, liberar cautivos y llevar al mundo a un encuentro con Dios.
Pero, ¿cómo lo hacemos?
Para explicar esto, lo he simplificado en cuatro etapas:

1. Elegidos y restaurados.
Para cumplir nuestro propósito, debemos entender dos cosas:
La primera: somos elegidos, escogidos por el Señor. Jesús dijo: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, para que vayáis y llevéis fruto” (Juan 15:16). Hemos sido escogidos para dar fruto, para ser la sal de la tierra y la luz en medio de las tinieblas, entre aquellas personas que aún no conocen la verdad de Cristo.
Dios nos ha elegido, hermanos. Su llamado es para todos, pero pocos son los escogidos, porque el Señor nos ha dado la libertad de decidir cómo vivir. Como dice en Deuteronomio 30:19:
“Hoy pongo delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia.”
La segunda: debemos tener una relación genuina con Dios. Pero para que esa relación exista, debemos haber sido RESTAURADOS los cuales nos llevan a tener un encuentro con Dios , haber dejado atrás nuestro viejo yo. Cuando entregamos nuestra vida a Dios de forma voluntaria, nos convertimos en nuevas criaturas.
En pocas palabras, se trata de vivir conscientes de nuestro bautismo, el cual hacemos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
El bautismo significa aceptar a Cristo como nuestro Salvador y creer con fe que, cuando Él murió, nuestro pecado murió con Él. Y cuando Jesús resucitó, nosotros también resucitamos con Él. Por la gracia del Padre, ahora somos nuevos, tenemos una nueva vida y hemos resucitado con Cristo. Por eso, hermanos, ¡somos nuevas criaturas! (Romanos 6:4; 2 ; Corintios 5:17)
Entonces el bautismo no es solo un rito o tradición; es el inicio de una vida nueva, volver a vivir en el Señor, llamarlo Padre y entender su amor. Cuando comenzamos a comprender su amor, avanzamos a la segunda etapa de cumplir nuestro propósito.
2. Aprendizaje
Cuando ya entendemos el amor inmensurable de Dios, aprender y leer nuestra Biblia se vuelve más fácil, más divertido; es un camino donde nos enamoramos más de YHWH, nos sorprendemos de todo lo que está escrito y le vamos dando más sentido a lo que nos ha pasado, a lo que estamos pasando y a lo que estaremos expuestos en el futuro. En ese proceso, nos vamos pareciendo más a Jesús; por ejemplo, nuestro corazón comienza a sentir incomodidad ante las injusticias, algo que antes quizá no experimentábamos frente a ciertos temas.
Esta etapa está llena de emociones, dudas, sentimientos, quebrantamiento, amor, de todo… Pero lo bonito de esto es que el Padre nos enseña; no nos manda a ninguna parte sin darnos un mensaje, sin enseñarnos y darnos herramientas. Así como a Moisés, Dios le dice en Éxodo: “Anda ya, que yo estaré en tu boca y te enseñaré lo que tienes que decir” (Éxodo 4:12-13).
YHWH es un Dios de orden, de procesos; por eso nos permite pasar por pruebas, para poner en práctica lo que nos está enseñando y ayudarnos a mejorar. 1 Pedro 1:6–7
3. Acción
En esta etapa, debemos entender que no podemos cumplir nuestro propósito solos. Gracias a la intercesión de Cristo Jesús, el Espíritu Santo vive en nosotros, guiándonos, dándonos herramientas y recordándonos la Palabra de Dios resonando en nuestra mente y corazón.
El Espíritu nos dota de dones y ministerios, y nos capacita para poner en práctica lo que hemos aprendido. A continuación, les presento una lista de dones y ministerios que el Espíritu Santo nos ha concedido:
- Los dones del Espíritu Santo son capacidades que Dios da a los creyentes para edificar la iglesia, como la palabra de sabiduría, palabra de conocimiento, fe, dones de sanidad, hacer milagros, profecía, discernimiento de espíritus, hablar en lenguas e interpretación de lenguas (1 Corintios 12:8–10).
- Los ministerios son roles dentro de la iglesia, dados para guiar y enseñar, como apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros (Efesios 4:11–12).
Aunque distintos, los dones y ministerios se complementan: los dones capacitan a cada creyente para cumplir su ministerio o servicio. Todos los ministerios usan dones, pero no todos los que tienen dones tienen un ministerio formal. Por ejemplo, alguien puede tener el don de sanidad sin ser un pastor o apóstol, pero su don sirve para ayudar y fortalecer a otros.
¿Entonces para qué fuimos creados, cual es el propósito?
Nuestro propósito como hijos de Dios es glorificar al Señor. Es decir, tenemos un llamado que, en resumen, está escrito en Isaías 61:1-2: nuestro propósito, nuestra razón de existir es la respuesta a ese llamado, darle gloria y honra a nuestro Dios YHWH.
Y tal vez te preguntes: ¿Cómo lo hago? o ¿Por dónde debo comenzar? Pues hermanos, la respuesta es más sencilla de lo que pensamos: desde donde estás. Desde tu oficina, tu casa, tu escuela, tu universidad, tu taller o el lugar donde te encuentres. Dios nos usa justo ahí.
Lo importante es que nos dejemos usar y, sobre todo, que entendamos por qué lo hacemos. Ya vimos que el primer paso es amar a Dios, enamorarnos tanto de Él que lo busquemos día y noche. Esa relación íntima nos lleva naturalmente a adorarlo en todo lo que hacemos. Cuando actuamos con amor, ya estamos cumpliendo nuestro propósito de vida, porque al amar, glorificamos a nuestro Padre.
Por eso decimos que “TU LLAMADO SANTIFICA TU OFICIO”, es decir, que nuestra razón de ser es glorificar a Dios desde el contexto en el que nos encontremos. Dios nos ha provisto de muchas herramientas: dones, ministerios, personalidad, talentos, familia en Cristo y personas a nuestro alrededor. Todo eso forma parte del propósito.
Y debemos recordar que estos recursos no son solo para nosotros, sino para bendecir a otros que aún no han conocido verdaderamente a Dios. Como dice la Palabra, somos enviados a los que están perdidos, pero gracias a Cristo, no están condenados, solo necesitan escuchar la verdad.
El Señor nos usa para llevar la luz del Evangelio, porque Jesús es la verdad y la luz en medio de las tinieblas. Él nos envía a compartir las buenas noticias, recordando siempre que somos salvos por la misericordia del Señor.
A continuación, te dejo algunos ejemplos de personas que han encontrado su propósito en la vida y lo han vivido conforme a la dirección de Dios. Recuerda, hermano, que no todos cumplimos la misma función dentro del cuerpo de Cristo. Algunos son cantantes, otros carpinteros, científicos, maestros o estudiantes; pero todos podemos glorificar a Dios desde el lugar donde Él nos ha puesto. Lo importante no es solo lo que haces, sino cómo y para qué lo haces.
EJEMPLOS:
- Johann Sebastian Bach (Músico y compositor)
Propósito: Glorificar a Dios a través de la música.
Cómo lo vivió: Firmaba sus partituras con las iniciales S.D.G. (Soli Deo Gloria, “Solo a Dios la gloria”).
“El propósito y razón de toda la música no es más que glorificar a Dios y refrescar el alma.” – Johann Sebastian Bach
Colosenses 3:23 — “Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor.”
Billy Graham (Evangelista)
Propósito: Llevar el mensaje de salvación al mayor número posible de personas.
Cómo lo vivió: Predicó a millones en más de 180 países, siempre con humildad y fidelidad a la Palabra.
“Mi única tarea es proclamar el Evangelio de Jesucristo en todo el mundo.”
Marcos 16:15 — “Id por todo el mundo y predicad el evangelio.”
William Wilberforce (Político y reformador social)
Propósito: Abolir la esclavitud y defender la justicia divina en la sociedad.
Cómo lo vivió: Usó su posición en el Parlamento inglés para luchar durante décadas por la libertad de los oprimidos, guiado por su fe.
“Dios Todopoderoso me ha puesto delante dos grandes objetos: la supresión del comercio de esclavos y la reforma de la moral.”
Salmo 82:3 — “Defiende al débil y al huérfano; haz justicia al afligido y al menesteroso.”
Truett Cathy (Fundador de Chick-fil-A)
Propósito: Aplicar los valores del Reino de Dios en el mundo empresarial.
Cómo lo vivió: Dirigió su empresa con principios bíblicos, cerrando los domingos para honrar a Dios y priorizando la familia y el servicio.
“No hay mayor éxito que honrar a Dios y servir a los demás.”
Mateo 6:33 — “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.”
Eric Liddell (Atleta y misionero)
Propósito: Honrar a Dios en cada aspecto de su vida.
Cómo lo vivió: Se negó a competir en domingo durante las Olimpiadas de 1924 por respeto al día del Señor. Más tarde, fue misionero en China, donde sirvió hasta su muerte.
“Dios me hizo rápido, y cuando corro, siento su placer.”
Proverbios 3:9 — “Honra al Señor con tus bienes y con las primicias de todos tus frutos.”
Isaac Newton (Científico y teólogo)
Propósito: Conocer al Creador a través del estudio de Su creación.
Cómo lo vivió: Veía la ciencia como una manera de contemplar la sabiduría de Dios reflejada en el universo.
“Este hermoso sistema del sol, los planetas y los cometas sólo puede proceder del consejo y dominio de un Ser inteligente y poderoso.” — Isaac Newton
Salmo 19:1 — “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”
Puede que te sientas identificado con alguno de estos ejemplos. También sé que, para algunas personas, su propósito lo saben desde muy pequeños, pero para otros nos ha resultado muy difícil saber lo que debemos hacer. Espero que estos ejemplos te ayuden, pues estas personas son como nosotros: estaban en un contexto, en un lugar, rodeadas de gente, descubriendo sus cualidades y talentos. Cuando se dieron cuenta de toda la riqueza que había en ellos ,de sus virtudes, entendieron su propósito.
Examínate, mira cuáles son tus fortalezas, tus debilidades, tus miedos, y entrégaselos al Señor. Recuerda que en nuestras debilidades el Padre se perfecciona (2 Corintios 12:9–10).
Me gusta el ejemplo de Eric Liddell. Los recursos con los que él contaba eran su cuerpo, sus piernas y, supongo, una cancha grande donde practicar. Su disciplina, fe y constancia fueron lo que lo llevaron tan lejos. En medio de todo lo que estaba consiguiendo, glorificaba a Dios. Puede que él no haya tenido el don de ser profeta, pero evangelizó con su vida, con sus decisiones. Es lo mismo con nosotros: no se necesitan grandes cosas para glorificar a Dios, porque de forma natural nuestro Padre nos dará y nos pondrá en donde Él nos quiera.
Liddell fue llevado a las olimpiadas, y allí, en su contexto, demostró su fidelidad hacia Dios, su respeto, y le dio honra y gloria. Y ahora, hermanos, estamos hablando de su fe en Dios.
Si no sabes cómo comenzar, busca una causa en tu entorno, encuentra un problema y pídele al Señor que te dé creatividad para poder resolverlo con Su Palabra. Él nos conoce muy bien y sabe lo que necesitamos, porque no se trata de lo que queremos, sino de lo que realmente necesitamos.
RECURSOS
A continuación, te dejo un material que he llamado “Creado para algo más – FODA personal”, el cual puede ayudarte a descubrir tus virtudes y todo lo que Dios ha puesto en ti para servirle. Este material te permitirá reflexionar y analizarte, para reconocer con qué herramientas, dones y talentos cuentas para cumplir tu propósito en el Señor.
Además, te comparto algunos enlaces donde podrás realizar un test de dones espirituales, que te ayudará a identificar de manera más clara los regalos que Dios ha depositado en ti.
Te sugiero comenzar por esta parte de los dones, así tendrás más información para llenar la hoja de “Creado para algo más – FODA personal” con mayor claridad y propósito.

4. Cumplir el propósito: Ser enviados
En esta última etapa se aplica lo que dice Mateo 28:
“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones,
bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado;
y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”
— Mateo 28:19–20
Antes de poder cumplir este mandato, nosotros mismos fuimos alcanzados por esa gracia. Alguna vez fuimos esas personas perdidas, sin rumbo, muertas espiritualmente, pero por la gracia del Padre, la sangre de Cristo, la guía del Espíritu Santo volvimos a vivir.
Fuimos bautizados, aprendimos y ahora podemos enseñar lo que Dios nos ha enseñado.
La Biblia también dice: “He aquí, yo os envío como ovejas en medio de lobos.” (Mateo 10:16) Y así es: el trabajo no se realiza en la zona de confort, sino fuera, en medio del mundo, donde enfrentamos desafíos, oposición y pruebas. Por eso debemos prepararnos, afilar nuestras espadas espirituales y recordar que el Espíritu Santo vive en nosotros.
El salir de nuestra zona de confort siempre viene de dudas, miedos, vergüenza e inseguridad, pero Dios no nos ha dado un espíritu de esclavitud ni de temor, sino de poder, amor y dominio propio (2 Timoteo 1:7). Y aunque podamos fallar o equivocarnos, es parte del proceso. En el camino, Dios nos enseña y nos moldea. Cada error puede convertirse en una oportunidad para crecer por Su gracia.
Una de las claves más importantes en este camino es la disciplina y la constancia.
Muchos comenzamos con entusiasmo, pero debemos evitar que ese impulso se quede solo en emoción. Convirtamos nuestro llamado en un hábito diario, incluyámoslo en nuestro horario, en nuestra agenda, en nuestra forma de vivir. Por eso, hermanos, no se frustren. No se cansen de hacer lo bueno.
Donde sea que Él te haya puesto —en casa, en una oficina, en la universidad, frente a un computador, etc— pregúntate cómo puedes servirle allí. Tal vez sea tiempo de salir, de moverte, el compartir con palabras debe tener conexión con tus acciones. Porque al final, el llamado de Dios siempre nos impulsa a avanzar, a reflejar Su amor y a llevar la luz del evangelio en medio de la oscuridad.
Sin embargo, muchas veces para responder a ese llamado, debemos soltar aquello que nos impide avanzar: trabajos, relaciones o hábitos que debilitan nuestra comunión con el Padre.
Es necesario detenernos y analizar nuestra situación con sinceridad, pidiendo al Espíritu Santo que nos revele qué cosas están ocupando el lugar que le pertenece solo a Dios.
A veces obedecer implicará renunciar, pero toda renuncia por amor al Señor trae libertad, propósito y una relación más profunda con Él.
Así que, si hoy sientes que algo te está limitando en tu caminar con Cristo, pregúntale al Señor: “¿Qué debo dejar y hacia dónde quieres que vaya?”.
Conclusión
Así que, hermanos, si aún no han encontrado su propósito o no tienen claridad sobre las herramientas con las que cuentan para llevarlo a cabo, les animo a realizar el material que les dejé.
A mí personalmente me ha servido, me ha dado dirección y me ha ayudado a reconocer los recursos que Dios ya había puesto en mis manos.
También es muy importante que todo lo que descubran sea respaldado y confirmado por las personas de su entorno, por aquellos que los conocen y pueden ver en ustedes lo que quizá ustedes mismos aún no ven.
A veces deseamos ser algo para lo que no fuimos llamados, y ahí es donde necesitamos humildad y discernimiento.
Oren para que el Espíritu Santo les guíe, les dé claridad sobre todo lo que tienen y todavía no han descubierto.
Recuerden: Dios no improvisa, Él tiene un plan perfecto y los ha equipado con todo lo necesario para cumplirlo. Nunca es tarde ni demasiado temprano para comenzar a hacer el propósito de Dios.
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